Adopciones de niños y niñas por parejas homosexuales: ¡cuidado!

El estado actual del debate pasa por permitir que los homosexuales y lesbianas se hagan con el control de niños mediante adopción. En el mejor de los casos se habla de niños abandonados que así estarían mejor pero parece que el debate se está olvidando de la pesadilla a la que podemos someter a un niño cuando lo dejamos en esta situación. El recorte siguiente muestra algunas opiniones advirtiendo del riesgo que existe para los niños y niñas abandonados a la adopción por homosexuales. Atentos…  

Rafael Simancas, candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, lo dejó claro: una de las primeras actuaciones que llevará a cabo cuando ocupe la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol si llega será la de revisar la Ley de Parejas de Hecho para permitir la acogida de niños por parejas homosexuales «en función de los criterios de los técnicos». Aunque Simancas no explicó a qué «técnicos» se refería, lo cierto es que numerosos psiquiatras, psicólogos y profesionales sanitarios consultados han mostrado su oposición a que prospere la iniciativa del dirigente socialista.

«El fin de la adopción no es tanto dar un hijo a unos padres que no pueden tenerlo como dar unos padres idóneos a un niño que carece de ellos», ha alegado el psicólogo Luis Riesgo. «Aprobar la adopción de niños por parejas homosexuales implicaría ir contra el séptimo principio de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, que estipula que “El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación”», matiza el psicólogo.

La pediatra, miembro de la Asociación Española de Pediatría y de la «European Society for Pediatric Research» («Asociación Europea para la Investigación Pediátrica»), Ana Martín Ancel, coincide con Riesgo al afirmar que «la adopción existe para acoger a un niño que ha sido privado de su familia, y pretende darle un ámbito lo más adecuado posible para su desarrollo. Un niño es un regalo, no un derecho para la utilidad de nadie», sentencia en un artículo publicado el pasado marzo en la revista mensual «Páginas para el mes».

«Normalidad forzada»

El doctor Aquilino Polaino, catedrático de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid, señala también que «el derecho de adoptar pedido por los homosexuales esconde el deseo de hacer lo que cualquier pareja heterosexual», lo que califica de «pretensión igualitaria»: «Todos somos iguales, no se puede hacer distinción en ningún caso. Es como si al ver pasar al vecino en un Rolls Royce yo exigiera, por vivir en la misma colonia, que el Estado me diese un Rolls Royce», explica. «De aquí se deriva una normalidad forzada, basada en un afán contra la discriminación, muy de moda en la actualidad», añade. «En los homosexuales y las lesbianas siempre hay un otro que no comparece: la identidad del niño queda coja», concluye.

Para el psiquiatra Enrique Rojas, «suponiendo que la educación que reciba un niño de una pareja homosexual se realice intentando lo mejor para el niño y no ofreciéndole como un trofeo de las reivindicaciones de la militancia homosexual, sería complejo que se desarrollara de un modo similar que un niño educado por una pareja heterosexual». «Un niño educado por una pareja homosexual puede carecer del complemento que a la formación aporta cada uno de los padres, y podría también adquirir modelos erróneos de pensamiento, sentimiento y conducta», apostilla el psiquiatra.

Conflictos con otros niños

Mónica Fontana, profesora de Orientación y Terapia Familiar en la Universidad San Pablo CEU de Madrid y especialista en Psicología Clínica y Terapia Familiar, abunda en la idea de la necesidad de un padre y una madre, ya que «es mejor para el niño adoptivo que su emplazamiento filial sea lo más parecido posible al de su familia biológica». «Esta relación que inicia con la familia será necesaria para el niño no sólo para su desarrollo, sino para llegar a ser él mismo», prosigue.

«A los dos años, un niño ignora conscientemente si es varón o mujer. Esta identidad se aprenderá de los que le rodean en su infancia. Por eso el niño tiene derecho a ser formado en una familia», añade Fontana. «Por último, necesariamente surgirán en el niño problemas de socialización. Lo quieran o no, las uniones homosexuales serán siempre minoritarias y los niños adoptados por ellas, por mucho que se les diga, nunca podrán sentirse iguales a los demás. ¿Qué respuesta puede darse a un hijo que pregunta por qué sus amigos tienen un papá y una mamá? O bien, ¿qué es una mamá?», apostilla.

La Asociación Española de Pediatría también se ha manifestado en reiteradas ocasiones sobre la adopción de niños por parejas homosexuales. Y ha sido contundente: «Un núcleo familiar con dos padres o dos madres es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño».

aquilino polaino

Catedrático de Psicopatología

Porque al adoptado se le debe educación y afecto, es una terrible injusticia que no pueda contar con un modelo de padre y madre, conforme a su naturaleza, indispensable para la formación de su propia identidad de género. La persona sin esa identidad está incompleta en lo más íntimo. Y si se adopta un niño es para hacer de él una persona plena.

juan josé lópez ibor

Pte. Asoc. Mundial de Psiquiatría

Un niño «paternizado» por una pareja homosexual entrará necesariamente en conflicto en sus relaciones personales con otros niños. Se conformará psicológi- camente como un niño en lucha constante con su entorno y con los demás. Creará frustración y agresividad. ¿Y cuántas cosas más? En definitiva, un ensayo que repercutirá en sus personas.

enrique rojas

Psiquiatra

El ser humano necesita firmeza y flexibilidad, autoridad y condescendencia, corazón y cabeza, fortaleza y ternura. Se trata de características complementarias que son aportadas por el padre y la madre. Es imposible una educación completa en un ambiente homosexual. Es antinatural condenar a un niño a una educación privada de padre o madre.

mónica fontana

Especialista Terapia Familiar

Si la relación entre dos mujeres o entre dos hombres es natural, ¿por qué hay una imposibilidad biológica para procrear? Además, está comprobada la mayor promiscuidad de las uniones homosexuales, que se rompen cuatro veces más. Imaginemos las consecuencias sobre los niños – tan necesitados de seguridad y estabilidad – por un segundo abandono.

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