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Educación para la ciudadanía: materiales del Ministerio de Educación

Como buen ciudadano te interesa cuanto antes, seas profesor, padre o alumno, conocer cuáles son los materiales didácticos que el Ministerio de Educación quiere utilizar en Educación para la ciudadanía, y en particular los que aconseja a los padres. Como puedes imaginarte, estos materiales son el instrumento elegido por el gobierno para intentar convertir a la población en edad escolar en ciudadanos adoctrinados en el comportamiento que a ellos más les interesan. Esta es la lista de títulos de materiales didácticos que el Ministerio pone a disposición de los padres y de todos aquellos que quieran secundar el proyecto del Ministerio de Educación para cubrir el temario de Educación para la ciudadanía. Si te encuentras en clase con algo de esto, ya sabes de dónde proviene. ¡Cuidado, no adoctrines y no te dejes adoctrinar!

Lista de materiales didácticos del Ministerio de Educación para Educación para la Ciudadanía:

Educar en Valores

  • Prevención del racismo, la xenofobia y la intolerancia
  • Somos iguales, somos diferentes
  • Intercultura-net: Interculturalidad en internet
  • Viaje a la esperanza
  • Educación ocio
  • La responsabilidad en el niño
  • Educar en el uso del dinero
  • Educar la tolerancia en un mundo de diversidad
  • El valor del esfuerzo en la formación de la persona
  • ¿Tienen valores los hijos?
  • La eutanasia, ¿si o no?
  • Educación para la paz, de Manuel Méndez y Pilar Llanderas
  • Racismo y Xenofobia: el conflicto de la interculturalidad, de Manuel Méndez Santamaría

La implantación de Educación para la Ciudadanía (EpC) ya cuenta con una guía didáctica oficial del Ministerio de Educación.

Publicada en su web, Educar en Valores ofrece a los profesores “recursos documentales”, orientaciones y enfoques didácticos que abarcan el índice de contenidos de EpC.
Educación para la Paz –sobre el pacifismo–, La eutanasia, ¿sí o no? –sobre “el derecho a morir dignamente”–, Somos iguales, somos diferentes –sobre la homosexualidad y el multiculturalismo–, Viaje a la esperanza –sobre la inmigración– o Educación para el Ocio, son algunos de los epígrafes que ordenan el material de orientación a profesores y padres elaborado por el Gobierno.
Al tratar la homosexualidad, el Ministerio hace suya una guía didáctica del Comité Español de la Campaña Europea de la Juventud contra el Racismo, la Xenofobia, el Antisemitismo y la Intolerancia.
Entre otros recursos didácticos, el Ministerio recomienda a los profesores que programen en clase la lectura de Alí Baba y los 40 maricones, “un divertido cómic con las diferentes peripecias de la vida cotidiana que les suceden a los inquilinos de una casa, en su mayoría gays, en la Barcelona actual. Una de las mejores obras del famoso dibujante” Nazario, según se explica en la Guía difundida por el Gobierno.
Se aconseja a padres y maestros, además, que vean junto a los niños documentales como Guía gay para el sexo seguro, de producción británica, u Homosexualidad: la libertad de amar, de TVE.
También se incluye como material didácticamente relevante Safer Sexy. The Guide to gay, una “guía gay con artísticas fotografías sobre sexo seguro”.
En el capítulo Educación para la paz, dedicado al pacifismo, el Ministerio de Educación sostiene que “la única paz posible siempre surge cuando no hay vencedores ni vencidos” y que “las relaciones humanas gozosas” sólo pueden darse en condiciones de igualdad, justicia social, libertad y respeto a la diversidad, condiciones para “compartir un mundo más divertido, más heterogéneo y menos uniformado o aburrido”.
El Gobierno considera que “sólo las desigualdades” pueden llegar a justificar “respuestas desesperadas y violentas de rebelión ante la iniquidad” y recuerda que “al menos dos tercios de la población humana (para ser optimistas) aún no han conseguido suficientes niveles de libertad e igualdad”. Es su desigualdad –y no el terrorismo o el fanatismo religioso, por ejemplo– lo que, a juicio del Ministerio de Educación, pone “en permanente peligro” la paz “aparente” de la que disfruta el otro tercio de la población.
La Guía didáctica del ministerio critica la Transición democrática española por su acuerdo de “olvido” de la dictadura. A juicio del Ministerio de Educación y Ciencia, “a veces es preferible la ruptura, aunque sea dolorosa, que las componendas a medias”.
La Guía de EpC del Ministerio de Educación sostiene que “no existen puntos finales, perdones generales, olvidos masivos y voluntarios, ni transiciones ejemplares, si lo injusto permanece o no ha sido reconocido y exculpado, único camino de la verdadera conciliación. Y postergar la resolución de estas situaciones (acto de contricción y propósito de enmienda, previo a la absolución, como cualquier otra falta o pecado) se termina pagando a un precio exageradamente alto en términos de pacificación y convivencia”.
El Ministerio de Educación en estas guías compara “los ejemplos de América Latina y sus perdonadas dictaduras” con “nuestra propia realidad social, en la que siempre se airea el posible error del consenso político frente a la ruptura social como una duda que envenena y empaña la transición de la dictadura a la democracia”.
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Violencia contra la mujer – violencia contra el hombre: ciudadanía

Violencia contra el hombre, un artículo de Francisco Pérez Abellán

Imagen tomada de www.diariovital.com.ar.

Aunque la violencia contra el hombre es, en medio de esta avalancha, una mera anécdota, existe, y hay que reaccionar frente a ella. Son muchas las mujeres maltratadas, golpeadas, heridas y muertas, pero también hay que denunciar la violencia de la mujer contra el hombre. En Educación para la ciudadanía te venderán ochocientas veces la cabra de que la violencia de género se da sólo en una dirección. Pues no siempre, claro.

 

En los lugares pequeños es bien sabido cuando se da algún caso en que el hombre es amenazado, golpeado y sometido por su pareja femenina. Hasta ahora lo han sufrido en silencio, avergonzados por el qué dirán y temerosos ante las represalias. En la historia criminal hay notables ejemplos de mujeres que han ejercido absoluto dominio sobre los varones, torturándolos o matándolos por motivos muy similares a los que se exhiben con harta frecuencia cuando las víctimas son femeninas.

 

La opinión pública generada señala al varón como fuente de la violencia en la mayoría de los casos, lo que permite que algunas indeseables se aprovechen para colar denuncias falsas que les favorecen en procesos de divorcio. Jueces, como la decana Sanahuja, de los tribunales de Barcelona han sido rápidos al exponer la situación de desequilibrio que se ha creado. Por un lado no han disminuido, sino que han aumentado considerablemente, los casos de malos tratos a mujeres, y por otro se ha criminalizado al hombre, sometiéndolo a prejuicios que pueden resultar dañinos.

 

Frente a eso, algunos varones han decidido romper su tradicional postura de guardarse para sí, por vergüenza o miedo, su situación de víctimas y denunciarla ante los tribunales. Insistimos en que no puede compararse una situación con la otra, y que sigue siendo prioritario y urgente acabar con el tsunami de violencia doméstica contra la mujer, pero eso no exime de combatir los casos en que el varón es la víctima, pese a que se estime como pequeño maremoto.

 

Tal vez las normas que se dictan o aplican contribuyan a dificultar las relaciones más que a resolver las tensiones en la pareja. Una prueba es la denuncia reciente, por presunta inconstitucionalidad, de las órdenes de alejamiento, porque algunos jueces consideran que, en ocasiones, perjudica a la vez al agresor y la víctima. ¿Qué decir entonces de los casos en los que si la acción la comete el hombre es un delito y sólo una falta si lo hace la mujer? Los españoles y españolas, a partir de ahora, ya no son iguales ante la ley.

 

Sin embargo, en lo que sí son más iguales es a la hora de denunciarse ante los tribunales. Y recientemente un varón ha logrado que su novia sea condenada a ocho meses de prisión por maltrato y amenaza con una katana, la célebre espada japonesa de Kill Bill, de Tarantino. Un juzgado de Santander ha dictado la sentencia que condena a Marta por maltratar a B., su novio, cuando le anunció que deseaba abandonar la casa que compartían, en Castro Urdiales. Igualmente, se prohíbe a la chica comunicarse con su ex pareja durante dos años.

 

¿Qué es lo que ha ocurrido para tan severo castigo? Según relata el papel judicial, el 25 de abril de 2005, sobre las ocho y media de la tarde, cuando B. anunció su intención de romper la relación, recibió un puñetazo en el labio por parte de la mujer, y luego varios en la cabeza. Más tarde le arrojó un frasco de colonia, mientras le insultaba con lindezas de las que suelen dedicarse los amantes indignados –si se trata de mujeres, adjudican calumnias a la madre y definen al hombre como macho cabrío–. Pero más allá de todo eso, la ahora condenada le infirió, según hechos que se consideran probados, una tanda de patadas en la rodilla y los testículos, y mordiscos en el brazo y en las nalgas. Finalmente, el agredido tuvo que salir a escape, cuando ella agarró la katana que curiosamente adornaba la habitación…

 

Afortunadamente, no hubo heridas graves ni derramamiento de sangre. En otra época se habría calificado el encontronazo de desagradable pelea con hembra brava y no habría terminado en denuncia, ni ante al juez. Los tiempos han cambiado y las parejas, hoy, comparten sus relaciones con el peso enorme de la ley, que se mete entre ellos, los vigila en el domicilio conyugal y comparte su cama. ¿Es suficiente lo que pasó en Castro Urdiales para arrearle a una ciudadana ocho meses de prisión?

 

Se supone que la sentencia vendrá dada tras el más que conveniente peritaje del labio magullado, la cabeza golpeada, las rodillas tundidas y, muy especialmente, los testículos machacados; luego de valorar los daños presentes y futuros, así como las secuelas psicológicas, tal y como se haría en el caso de que la mujer hubiera sido la agredida. La gran duda que nos asalta es si el castigo de prisión habría sido cinco veces mayor para el varón por el mero hecho de serlo.

 

Lo ocurrido en Santander con Marta, a la que seguro el recurso afinará la pena, nos permite reflexionar sobre si los españoles debemos permitir que las leyes entren de tal forma en nuestra intimidad; hasta estos puntos de escándalo, en los que la pasión amorosa se ve constreñida por la inculta letra de la ley. ¿O acaso ya no hay diferencia alguna entre violencia de género y una brava pelea entre amantes?

Homosexualidad: aspectos a conocer y tener claros

1. ¿Qué es la homosexualidad? Homosexualidad es inclinación sexual hacia personas del mismo sexo, es decir, entre hombres o entre mujeres. Aquí al decir homosexualidad abarcaremos ambos casos, evitando hablar de gays y lesbianas por el matiz negativo, o reivindicativo, de estas dos palabras.2. ¿Quienes no son homosexuales? La homosexualidad es una situación delicada que conviene aclarar bien para no incurrir en tristes equivocaciones, pues cualquier inclinación sexual hacia el mismo sexo no es señal de homosexualidad. Ejemplos de personas que no son homosexuales:

  • Personas con mayor sensibilidad hacia la belleza. Encuentran belleza en ambos sexos y esto les atrae. Descubrir belleza en el mismo sexo no significa homosexualidad, pues esa belleza realmente existe, y es normal que atraiga.
  • Personas con mayor sensibilidad hacia las muestras de afecto, vengan de quien vengan. Esto tampoco significa homosexualidad.
  • Personas que han pensado o realizado acciones de tipo homosexual pero excepcionalmente. Unos hechos aislados no dan lugar a una calificación firme.
  • Adolescentes con fallos en su proceso de madurez. Suelen corregirse fácilmente, salvo que la desorientación se fomente.
  • Personas que no han ejercitado la virtud de la castidad o que no se controlan fácilmente sino que son dominadas por el deseo de los placeres sexuales, y los buscan en cualquier parte. Les da igual raza, edad y sexo. Esto no es homosexualidad, sino obsesión por el sexo.

3. ¿Cuándo hay homosexualidad? Los casos reales de homosexualidad son poco abundantes. Se pueden resumir en dos grupos:

  • Homosexualidad biológica: una enfermedad física, biológica, por alteraciones corporales de diverso tipo. Es poco frecuente.
  • Homosexualidad psicológica o adquirida: una desviación en la inclinación sexual originada por diversos factores.

4. ¿Cómo se adquiere la homosexualidad? El proceso no siempre es el mismo, pero puede esquematizarse así:

  • Un inicio traumante, un ambiente enrarecido, una presión psicológica…, originan una inclinación afectiva equivocada.
  • Esa inclinación afectiva no se domina sino que se deja correr en acciones sexuales desordenadas.
  • Los placeres sexuales obtenidos reafirman la inclinación por el deseo de volver a conseguirlos.

5. ¿Cómo se supera la homosexualidad? La homosexualidad de tipo biológico requiere un tratamiento médico apropiado que suele ser eficaz. La homosexualidad psicológica o adquirida admite corrección aunque no es fácil ni rápida pues los desórdenes sexuales crean adicción. Se podrían dar estos pasos:

  • Dominar los deseos sexuales evitando repetirlos tanto en la realidad como en el pensamiento, con el fin de olvidar la adicción al sexo. (Será más o menos costoso según el grado de incidencia; este esfuerzo intenso forma parte del precio que hay que pagar para superar el tema).
  • Si no ha habido desórdenes sexuales, sólo se trata de superar la inclinación afectiva corrigiendo sentimientos. Hará falta constancia y paciencia, hasta que los planteamientos vayan olvidándose.
  • Si simplemente hay mayor sensibilidad afectiva o hacia la belleza, no se trata de homosexualidad pero convendrá ser prudente, ejercitarse en el dominio propio y orientar bien los sentimientos.
  • En cualquier caso, las tendencias homosexuales se superan mejor con el trabajo abundante (para tener la cabeza ocupada), y con el servicio a los demás (sacando el corazón del egoísmo y de la soledad). Los sentimientos de autocompasión son contraproducentes.
  • También irá bien fomentar la vida espiritual, para conseguir mayor equilibrio.

6. ¿La homosexualidad es una tendencia natural? Depende de lo que se entienda por natural:

  • Si natural se identifica con espontáneo, entonces la homosexualidad puede decirse natural, y lo mismo puede afirmarse del robo o asesinato cuando surgen a consecuencia de dejarse llevar por una tendencia. En este sentido habría que decir que no todo lo natural -espontáneo- es correcto. Para evitar confusiones, es mejor en estos casos hablar de espontáneo.
  • Si natural significa algo propio de la naturaleza humana, entonces la homosexualidad no es una inclinación natural, sino un fallo respecto a lo natural. Lo natural en la sexualidad humana es que un hombre se una con una mujer y tengan hijos. Si no nacen hijos, algo falla; si se une a varias mujeres, algo no va bien; etc…

7. ¿La homosexualidad es un defecto? La homosexualidad es una inclinación opuesta a lo natural en la sexualidad humana, y por tanto defectuosa. Cualquier persona posee cualidades y defectos variados, de modo que tener fallos es normal; pero los defectos son defectos, no habilidades. La homosexualidad a veces es una enfermedad de nacimiento; otras veces -la mayoría- un enrarecimiento adquirido. En cualquier caso es algo antinatural que se desea corregir.8. ¿Y el orgullo gay? Cualquier orgullo es peligroso, perjudicial. Alardear de un problema no resuelve el problema, sino que impide la búsqueda de soluciones. En este caso, el orgullo les invita a reafirmarse en acciones que deterioran sus vidas.  Deben ser tratadas con respeto pero sabiendo que insisten en mantenerse en un esquema de vida contradictorio.

9. ¿Ese orgullo no será un modo de mejorar la autoestima? Probablemente lo hagan por esto, pues la homosexualidad suele ir acompañada de baja autoestima. Pero la autoestima no mejora con el autoengaño, sino con la aceptación de la verdad y el esfuerzo serio por corregirse. La firmeza y constancia en el dominio propio generan auténtica satisfacción.

Estudios sobre homosexualidad

La revista científica “Archives of Sexual Behavior” publicó el famoso estudio realizado por uno de los expertos en epidemiología psiquiátrica más importantes en el mundo, Robert L. Spitzer, que a través de numerosos casos médicos demuestra que la homosexualidad es una enfermedad y puede curarse. El estudio fue presentado hace dos años en el Congreso de la Asociación Psiquiátrica Americana, luego de que Spitzer se retractara de la postura que lo hizo impulsar en 1973 el retiro de la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos.La investigación –basada en más de 200 casos– explica cómo los hombres y mujeres homosexuales son capaces de ser “predominantemente heterosexuales” luego de una psicoterapia ofrecida en su gran parte por organizaciones religiosas.

Según el Dr. Spitzer –profesor de psiquiatría en la Universidad de Columbia en Nueva York–, aunque la mayoría de homosexuales se declaran seguro de sus preferencias sexuales, otro grupo preferiría adoptar un estilo de vida heterosexual.

“Considero que las personas que se sienten angustiadas por su homosexualidad tienen todo el derecho de llevar a cabo esta terapia”, afirmó el experto y agregó que “en algunos de los sujetos, los reportes de cambio en la orientación sexual fueron sustanciales y creíbles”.

Los 200 pacientes que participaron en el estudio –143 hombres y 57 mujeres– provinieron principalmente de Estados Unidos y Canadá, pero otros de Europa.

Según el psiquiatra, “este estudio nos da evidencia de que hombres y mujeres homosexuales son capaces de cambiar su orientación sexual. Casi todos los participantes manifestaron cambios sustanciales en su orientación, y no sólo en una supuesta ‘actitud’”.

Condones defectuosos, un mercado al alza

Los preservativos que comercializan las grandes marcas no cumplen en la mayoría de las ocasiones los requisitos exigidos y fallan más que una escopeta de feria. En Europa, los estudios se paralizan por la presión del mercado y de los laboratorios farmacéuticos que no quieren sacar a la luz datos sobre el tema. La corrupción está a la orden del día y los fabricantes no quieren saber nada sobre las enfermedades de transmisión sexual ni el sida mientras hagan caja.

El 60% de los condones son defectuosos

Cuatrocientos noventa y dos muestras de los preservativos más comercializados en El Salvador, República Dominicana, Perú, Ecuador y Colombia, fueron analizados en laboratorios de países como Inglaterra para ver si cumplían con los parámetros internacionales de calidad.En la prueba de estallido, el resultado más significativo fue que el 60 por ciento de las 125 unidades de varios modelos analizados presentó fallas. Este examen consiste en la habilidad o capacidad del condón de permanecer intacto ante las tensiones que ocurren durante una relación sexual.Además del estallido se analizaron otros aspectos como las dimensiones (largo, ancho y espesor), la inexistencia de agujeros y la integridad del embalaje. Todo esto bajo las normas internacionales como la ISO 4074 y la ASTM D3492, especificaciones estándar para anticonceptivos de goma (condones masculinos) de los Estados Unidos. En términos generales, doce marcas de preservativos vendidos en estos países resultaron sin fallas en las pruebas realizadas en Canadá, Estados Unidos y el mencionado país europeo. En el caso de las muestras enviadas por El Salvador, sólo una de las siete marcas seleccionadas salió bien librada. Los productos restantes presentaron una o más desperfectos. Estos son Piel Sensitive Grip, Vive Original, Condor High Quality, Durex Sensitive Ultra Thin, Rough Rider Studded y Panter High Quality. El estudio fue realizado en el marco del proyecto “Fortalecimiento de las organizaciones de consumidores de América Latina y el Caribe en los procesos de normalización”, promovido por la entidad Consumers International (CI). Además fue apoyado por otras dos organizaciones, la International Research and Testing (ICRT) del Reino Unido y Consumers Union (CU) de Estados Unidos. “Nuestro planteamiento es que primero que sea como sea un condón es siempre mejor en una relación sexual que no tener ninguno”, afirmó Margarita Posada, dirigente de la Red Acción para la Salud en El Salvador (Apsal), entidad que participó -por el país- en la investigación junto al Centro para la Defensa del Consumidor (CDC). ( ¿Y tener un condón que crees seguro, no te alienta a tener sexo? ). (Comentario editorial)Posada pidió al Consejo Superior de Salud Pública y al Ministerio de Salud que se regule el tema de los condones vendidos en el país. Los resultados del estudio, realizado entre 2004 y 2006, provocaron reacciones encontradas. Iván Solano, del Colegio Médico de El Salvador, teme que la falta de calidad de estos productos se traduzca en infecciones de transmisión sexual como el sida.

Sudáfrica retira millones de condones defectuosos

El Ministerio de Salud de Sudáfrica a retirado millones de preservativos defectuosos. Asimismo, las autoridades han cancelado el contrato que tenían con Kohrs, por el cual esta empresa suministraba preservativos que después el gobierno distribuía gratuitamente.En un comunicado, el Ministerio de Salud hace un llamamiento a los ciudadanos y a todos los actores implicados en la distribución de condones para que “sean conscientes cuanto antes de esta retirada”, ya que se trata de productos que no cumplen las funciones para la que se han creado, esto es, evitar embarazos y prevenir la infección por VIH.El gobierno tiene acuerdos con siete compañías para que proporcionen 425 millones de preservativos al año. En dos meses, dos de estas empresas, primero Zalatex y ahora Kohs Medical Supplies, han traicionado la confianza de los sudafricanos y han puesto en el ojo del huracán a algunos oficiales del Organismo de Estándares sudafricano (SABS, según sus siglas en inglés), encargado de velar por la seguridad de los condones.En agosto, tras la retirada de 20 millones de preservativos de Zalatex, salió a la luz pública un escándalo de sobornos y corrupción que implicaba directamente a responsables de este organismo.En cualquier caso, lo que más preocupa a los activistas de la lucha contra el sida en Sudáfrica es que estas medidas perjudican los esfuerzos para prevenir el sida en Sudáfrica, el país con mayor número de afectados, con 5,5 millones y en el que 900 individuos mueren cada día por culpa del virus.

Educación sexual en California

Uno de los orgullos del estado de California es haber implementado agresivos programas de “educación sexual” en el 96 por ciento de sus escuelas públicas. Sin embargo, las últimas cifras revelan que 1,1 millones de jóvenes “instruidos” contrajeron alguna enfermedad de transmisión sexual (ETS) solo en el año 2005, y se estima que actualmente uno de cada cuatro jóvenes californianos padece alguno de estos males.
El estudio, publicado en la Revista de Promoción Sanitaria de California, informa que estas cifras son diez veces mayores a las estimadas por los más analistas. Las ETS más comunes entre los jóvenes de 15 a 24 años de edad son clamidia, gonorrea, sífilis, virus del papiloma humano y SIDA.

Según Chris Weinkopf, uno de los editores de Los Angeles Daily News, estas cifras no se deben a la falta de educación sexual centrada en métodos anticonceptivos o preservativos, pues estos programas están ampliamente difundidos en el estado. California tiene prohibido por ley la difusión de programas de educación sexual basados solo en la abstinencia.

Para Linda Klepacki, analista en temas de salud sexual de Focus on the Family Action, las cifras no sorprenden.

“California ha insistido en difundir una educación sexual basada en la anticoncepción en todas sus escuelas. Esperan que los adolescentes sean sexualmente activos. No han elevado su estándar de salud a la abstinencia. Es claro que California apoya la actividad sexual de los adolescentes y que las tasas de ETS explotarán naturalmente con estas políticas”, indicó.

Según LifeSiteNews.com, otro factor de esta explosión es la introducción de la píldora del día siguiente, ya que California ha sido uno de los primeros estados en permitir su venta sin prescripción y sin límite de edad.

Discriminación de la madre trabajadora

La incorporación de la mujer al mercado laboral ha supuesto una verdadera revolución y la dignificación de su papel en la sociedad. Sin embargo, este cambio no ha ido acompañado por las necesarias transformaciones sociales para acompasar el trabajo femenino fuera de casa y las labores que las mujeres desempeñan en el hogar, incluido el cuidado de niños y de ancianos. La situación dista de ser la deseada, pero hay caminos para conciliar vida laboral y familiar, siempre que se cuente con el esfuerzo de todos los implicados: padres, empresas y Administración pública.

Cuatro de cada cinco mujeres está satisfecha por tener un trabajo fuera de casa. Sin embargo, la mitad de las madres considera que esta situación es mala para los niños. Estos dos datos, aportados por un estudio dirigido por doña Constanza Tobío, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, demuestran que la conciliación de la vida laboral y la familiar sigue siendo un problema, que se puede resumir en un quiero y no puedo. Es el gran dilema de las madres trabajadoras. La incorporación de la mujer al mercado laboral se puede considerar uno de los grandes logros del pasado siglo. No sólo dignifica el papel de las mujeres, sino que demuestra que en este campo son iguales a los hombres. En cuanto las mujeres han tenido la oportunidad de avanzar en el terreno profesional, han demostrado evidentes capacidades que, en muchos casos, han servido de complemento para las aptitudes del hombre trabajador. Entrega, capacidad de organización o humanización de la empresa son algunos de los elementos positivos que la mujer ha introducido con su trabajo.

Poco a poco, se van rompiendo los techos que les impiden acceder a puestos de responsabilidad, y hoy ya no suena extraño que una mujer opte a la Presidencia de un Gobierno, dirija una gran empresa multinacional o porte sobre su hombro un fusil de asalto. Sin embargo, esta llegada de la mujer a los puestos de trabajo, masiva desde mediados de los años 80, no ha ido acompañada de los cambios necesarios en la estructura de la sociedad para que quedaran cubiertos los papeles que antes correspondían exclusivamente a las madres. Las labores del hogar, el cuidado y la educación de los niños, la atención a los ancianos, los enfermos y los incapacitados, o la gestión de la economía doméstica, eran tareas encomendadas, durante siglos, a las mujeres de la casa. El hombre tenía un papel muy delimitado como proveedor. A él le correspondía ganarse el pan con el sudor de su frente, y esta labor parecía dejarle exento de cualquier otra tarea.

Cuando la mujer dejó de dedicarse por completo a la casa y a la familia, nadie tomó el relevo. Pero los días de esas madres seguían teniendo 24 horas, como antes; sólo que ahora estaban obligadas a estirarlas hasta el límite. La conciliación de la vida familiar y la laboral se convierte, en muchos casos, en un verdadero infierno. Pero la mujer trabajadora, incluso aunque trabaje sólo por dinero, y no por la satisfacción de desarrollarse a través de una carrera profesional, no está dispuesta, en un 80% de los casos, a renunciar a esa oportunidad. Pero es consciente de que parte del coste de ese cambio en la sociedad lo van a pagar las personas a su cargo, hijos y ancianos.

Los múltiples debates sobre la situación de la infancia en la actualidad siempre pasan por el trabajo de las madres. «Ya no hay bocatas en el recreo –explica una profesora de un colegio concertado de Madrid–; ahora todos traen bollos en sus paquetitos de plástico». Éste es uno de los síntomas que demuestra que, si la madre ya no puede hacer los bocadillos de las once, nadie más en la casa se ha puesto a hacerlos. Y si la madre no controla lo que ven los hijos en la televisión, se enganchan a cualquier programa de adultos que se emita en esa franja horaria. Si la madre no puede ir a recoger a los niños al colegio, acabará apuntándolos a demasiadas actividades extraescolares, hasta el punto de que los niños sufrirán algo tan desconocido hasta ahora como es el estrés infantil. En muchos casos, las abuelas, que ya ejercieron en su día de madres, se verán obligadas a repetir el papel, pero esta vez con muchas menos energías. Y cuando, por la noche, madre e hijos consiguen estar juntos, a ninguno de los dos le apetece ponerse a jugar.

Para colmo, la mujer también tiene deseos de prosperar en la empresa –aunque en la mayoría de los casos vence su interés por la familia–, pero sabe que, en las circunstancias actuales, es muy difícil crecer profesionalmente con el lastre de una familia. Si eligen reducción de jornada –una medida bastante frecuente en España–, saben que no sólo irá acompañada de una reducción de sueldo, sino que su situación en el organigrama empresarial posiblemente empeorará, no la considerarán capaz de adquirir responsabilidades.

Aun así, los datos son explícitos: las mujeres quieren trabajar, aunque eso dificulte sus vidas en el plano familiar. Los motivos por los que están dispuestas son variados. Según un estudio sobre las estrategias de compatibilización familia-empleo, el 57% de las mujeres trabaja por motivos económicos, es decir, para complementar el sueldo que aporta el varón al núcleo familiar. Para un 17,5%, tener un empleo es muy positivo, bien porque les gusta la labor que desempeñan, bien porque están satisfechas por ejercer la profesión para la que están preparadas. Un 13% se decide a trabajar para garantizar su propia independencia económica y evitar depender del marido o deberle sumisión. Ahora bien, según otro estudio elaborado por la escuela de negocios ESADE, el 14% de las mujeres prefiere el concepto de familia clásica, es decir, con madres que no trabajen fuera de casa.

Carrera de obstáculos

Las razones que llevan a la mujer a dedicar gran parte de su tiempo a un trabajo fuera del hogar, dependen mucho del estrato social de la familia. En los niveles más bajos, la mujer trabaja por necesidad, y su ausencia del nido supone un serio trastorno, puesto que no suelen tener recursos suficientes para contar con alguien que le cuide a los niños, o sufragar los costes de una guardería. En las capas altas de la sociedad se percibe un mayor deseo de la mujer por desempeñar una labor profesional fuera del ámbito doméstico. Claro que, en general, tienen más facilidad para encontrar vías de escape a la conciliación, tales como cuidadoras para los niños y ancianos. A veces, estas mujeres con más responsabilidad tienen también más dificultades para disponer de tiempo libre y para saber, con seguridad, a qué hora terminará su jornada laboral.

Independientemente del status social de la madre, y aun con las marcadas diferencias, no son pocos los obstáculos para conciliar los dos mundos, el laboral y el familiar. Pero, como explica don Carlos Obeso, director de estudios de ESADE, «la causa debe buscarse en la forma y condiciones en que trabaja la mujer, y no en el hecho de que la mujer trabaje». Entonces, ¿por qué motivo falta la adaptación necesaria para que la mujer trabaje sin que, por ello, se resienta la familia? No se puede hablar de un único factor. Son muchos los elementos y los actores que participan en este proceso: el papel de los padres, la adaptación de los trabajos, las ataduras sociales, las infraestructuras escolares o las relaciones con la familia extendida.

Respecto al papel de los padres, los expertos se muestran cada vez más optimistas, porque, de la misma manera que la mujer, una vez que ha entrado en el mercado laboral, no quiere renunciar a su profesión, el hombre, incorporado a la educación de sus hijos, tampoco quiere renunciar a verlos crecer. Aun así, el papel del padre sigue siendo secundario, es decir, aunque es cierto que cada día colabora más, no tiene tareas fijas encomendadas, sino que actúa como comodín ante situaciones a las que la madre no puede hacer frente. Un estudio elaborado por la Universidad Autónoma de Barcelona demostró que el hombre utiliza su papel de proveedor de recursos como coartada para no participar en las tareas domésticas. Y si entra en estas funciones, siempre lo hace desde un planteamiento de ayuda, no de responsabilidad. Un dato llamativo, obtenido en el análisis elaborado por doña Constanza Tobías, es que, en la mayoría de las familias sólo hay dos tareas domésticas que haga el hombre de principio a fin: ayudar a los niños con los deberes y, curiosamente, regar las plantas.

Para don Manuel Cervantes, director de recursos humanos de la multinacional IBM, empresa pionera en programas de conciliación de vida laboral y familiar, «las dificultades existen, tanto en hombres como en mujeres; no es fácil para nadie». El señor Cervantes cree firmemente en la igualdad de hombres y mujeres, y asegura que los datos confirman esta tendencia positiva. Para el Secretario de Acción Sindical de USO, don José Vía, el problema de la conciliación atañe a todos, incluidos los padres. Donde es más necesario incidir, porque afecta tanto a hombres como a mujeres, es en las medidas tomadas por la propia empresa. Don José Vía destaca la importancia que, en este sentido, tiene la negociación colectiva, y cree que, a través de este mecanismo, «la conciliación es posible, además de una necesidad objetiva», pero reconoce que, hasta ahora, eran cuestiones poco contempladas en la negociación de los convenios. Hay varios aspectos en los que las empresas podrían adaptarse para facilitar la vida familiar a las mujeres: flexibilización de horarios laborales, trabajo desde casa y reducción de la carga laboral. Pero, para lograr estos objetivos, «hace falta la sensibilización de todos los agentes», dice el señor Vía. «Y no se logra en 24 horas», completa el señor Cervantes.

Ni la sociedad ni el entorno profesional están aún adaptados para admitir estos cambios, a pesar de que, como recoge un estudio de ESADE, el 90% de los directores de recursos humanos considera que lograr una buena conciliación de trabajo y familia mejora el rendimiento de los empleados. Según un gran número de estudios, la productividad de la madre es incluso superior a la de la mujer que no lo es. Estos datos acaban con el extendido mito que llevaba a muchas empresas a no contratar mujeres en edad fértil por el miedo a las bajas, los días libres o los retrasos para llegar al trabajo.

Siempre con el tiempo justo

No se debe negar la evidencia, los datos demuestran que un 27% de mujeres ha llegado tarde en el último trimestre por motivos familiares, cifra que se reduce a 22% en el caso de los hombres. En cuanto a las salidas anticipadas del trabajo, ascienden al 33% en las mujeres y el 27% en los hombres. Y un 28% del personal femenino ha tenido que faltar un día en tres meses para ocuparse de los suyos, mientras que lo han hecho un 23% de los empleados varones. Pero estas cifras sólo demuestran la importancia de la flexibilidad laboral, y no deben relacionarse con la falta de productividad.

Don Manuel Cervantes explica su experiencia personal respecto a la flexibilidad de horarios y al trabajo desde casa: «Cuando alguien me pregunta cómo controlo a un trabajador si no está en la oficina, yo le respondo que cómo se le controla si está en la oficina. Lo importante es el resultado». Ahora bien, para alcanzar esta valorada meta, «es necesario predicar con el ejemplo –dice este director de recursos humanos–. De nada sirve permitir que alguien entre antes a trabajar y salga antes si el jefe le va a poner mala cara».

España tiene, respecto al horario laboral, un verdadero problema. El resto de los países de Europa tienen jornadas laborales que hacen más fácil la conciliación de familia y empleo. Pero en España se ha tomado lo peor de cada casa, y se entra a trabajar a la misma hora a la que entran nuestros vecinos comunitarios, pero se abandona el trabajo mucho más tarde, con una jornada partida en dos que desespera a las madres, que casi siempre tienen la opción de dejar a sus hijos a comer en el colegio y preferirían trasladar ese par de horas libres, inútiles para ellas, al final de la jornada. Para doña Nuria Chinchilla y doña Consuelo León, autoras del libro La ambición femenina, tras estas jornadas eternas se esconde uno de los mayores problemas de las mujeres. Pero la solución pasa por una transformación radical de la percepción de que, si uno no ocupa su silla hasta suficientemente tarde, no está trabajando. La flexibilidad de horarios es aún más positiva si, como explica el señor Cervantes, viene acompañada de otras medidas complementarias. En IBM, todos los empleados que, por la labor que desempeñan, pueden, cuentan con un ordenador portátil para trabajar desde casa. Además, en la empresa se fomentan medidas para mejorar la eficacia, tales como reducir el empleo del correo electrónico a cuestiones únicamente profesionales, establecer las reuniones de trabajo a horas que no perjudiquen en exceso a las madres, o alarguen sus jornadas de manera innecesaria, preparar estas reuniones antes de llegar a ellas, para agilizar el ritmo de trabajo y exprimir al máximo los recursos, establecer criterios que garanticen la eficacia de estas reuniones de modo que se disuelvan si se comprueba que, con los medios disponibles, no se llega a ninguna conclusión de utilidad, o permitir trabajar fuera de la oficina si esto facilita el buen desarrollo del objetivo marcado. Pero en muchas empresas sigue imperando, como criterio de promoción, el que utiliza como referencia quién es el último en abandonar la oficina, independientemente de que esa persona haya llegado a su puesto de trabajo bien entrada la mañana y haya dedicado parte del día a brujulear por Internet o hablar por teléfono.

Sin embargo, todo apunta a que la situación está cambiando. Las señoras Chichilla y León demuestran, con los estudios realizados para elaborar su libro, que cada vez son más los hombres que exigen, como aspecto a valorar en su trabajo incluso por encima del sueldo, que el horario les permita volver pronto a casa. Eso significa que, de aquí a unos años, puede que queden pocos jefes dispuestos a alargar el día, porque prefieren trabajar mucho a estar en casa con sus hijos.

Las madres no se atreven

Esta sensación de que, a pesar de haber hecho el trabajo, si no estás en la oficina, no cuenta, impide a muchas mujeres emplear estos mecanismos de conciliación. Según un estudio del IESE, elaborado por el profesor Sandalio Gómez, el 47% de las mujeres trabajadoras reconoce que ser madres afecta de alguna forma a su carrera. De hecho, el 34% espera una mentalidad más abierta por parte de la empresa, porque, dadas las implicaciones que tiene no seguir el horario habitual de trabajo, el coste puede ser demasiado elevado. Por ejemplo, aunque a un 49% de las trabajadoras les ofrecen la posibilidad de trabajar menos horas, sólo acepta un 29%. Según se desprende del estudio realizado por la señora Tobías junto con otros investigadores, el 50% de las mujeres desearía trabajar menos, pero sólo un 15% estarían dispuestas a dar ese paso si supusiera una reducción del salario. Es decir, las madres trabajadoras no quieren dejar de serlo, pero sí querrían poder organizar mejor su tiempo sin perder por ello su eficacia.

De las posible soluciones tratadas en los párrafos anteriores: flexibilidad de horarios, jornadas parciales, teletrabajo, o aumento de los índices de eficacia, entre otras, muy pocas se aplican en la realidad. Aunque, como explica don Manuel Cervantes, no sólo es viable, sino que es positivo. Pero el cambio de mentalidad necesario es importante. Don Manuel pone un ejemplo: si un empleado o una empleada dice que prefiere preparar una reunión en su casa y se marcha después de comer con su ordenador portátil, cabe la posibilidad de que, al llegar a casa, se duerma una siesta. Pero, ¿es eso un problema? En realidad, no. Si, después de dormir, esa persona va a rendir más, mejor que duerma la siesta. Si, en lugar de la siesta, lo que tiene que hacer es recoger al niño del colegio y con eso se le quita parte del estrés que tenía, pues el remedio también ha sido bueno. «Las personas suelen ser honestas –dice el señor Cervantes–, agradecen este tipo de medidas y responden a la confianza depositada en ellos». Siempre hay algún empleado que abusa de las facilidades dadas por la empresa, pero, según don Manuel, no sería lógico enrarecer el clima laboral por unas cuantas personas. El buen clima laboral genera importantes réditos. De hecho, aunque no hay datos exactos, los expertos en conciliación de vida familiar y laboral aseguran que una madre trabajadora es incluso más eficaz que cualquier otro empleado. Don José Vía, del sindicato USO, asegura que suelen presentar menos bajas, y además son más responsables. Al fin y al cabo, son conscientes de las dificultades que se pueden encontrar después para acceder a un nuevo puesto de trabajo.

Por el momento, en la mayoría de las empresas, todas estas medidas de conciliación son una utopía. Aún hace falta que la presión de los sindicatos lleve estas cuestiones a las negociaciones colectivas. Y, sobre todo, es necesario que todos los agentes, incluido el Gobierno, se den cuenta de que, aunque la Ley 39/1995, de 5 de noviembre, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, ha permitido avanzar mucho, sobre todo respecto a los permisos por maternidad y paternidad, hace falta una normativa más amplia. Al fin y al cabo, esos primeros meses dedicados al cuidado de los niños no resuelven más que una etapa mínima. Pero lo que de verdad interesa a las madres trabajadoras es que se les faciliten las cosas entre los cuatro meses y los catorce años de sus hijos, no sólo los primeros cuatro meses.

Pocas soluciones

Con los pies sobre la tierra, el panorama no es muy alentador. Las madres no tienen demasiadas soluciones reales para sus problemas. Muchas recurren a los abuelos, pero es una carga injusta que convierte a los jubilados en tutores de hijos que no son suyos, y transforman «una colaboración en una obligación», como explica don José Vía. Según el estudio dirigido por doña Constanza Tobías, prima la ayuda de la abuela materna por un proceso de «solidaridad intergeneracional de los linajes femeninos».

Los datos hablan por sí solos: para el 64% de las mujeres trabajadoras, la ayuda de la familia en el cuidado de los hijos es importante, cifra que aumenta considerablemente en la franja de mujeres de entre 30 y 40 años, donde un 74% considera necesaria esa ayuda, y más aún en la de mujeres de menos de 30, que cuentan con la familia en un 86,5% de los casos. Otra solución es la de la guardería, aunque presenta dos problemas. En primer lugar, las madres reconocen que prefieren no tener que llevar a los niños tan pronto al colegio. Si pueden evitarlo, bien gracias a la ayuda de la abuela, bien con servicio contratado, lo evitan. Pero además, cuando la guardería es el último remedio, puede que su coste sea demasiado elevado –aunque menor que el de contratar una cuidadora–, o puede que no haya ninguna guardería que permita compatibilizar los horarios de hijos y padres. Una de las reivindicaciones más frecuentes en los centros de trabajo, según explican en el sindicato USO, es, precisamente, que se habiliten guarderías junto al lugar de trabajo de los padres, y que éstas tengan amplios horarios de apertura. Según las localidades o los barrios de las ciudades y el porcentaje de menores que vive en ellos, hay zonas que están muy poco dotadas de recursos para los más pequeños.

En los mejores casos, la familia puede contratar una empleada del hogar que se ocupe de los niños mientras la mujer trabaja. Pero, en ocasiones, esta persona se lleva todo el sueldo que gana la mujer. Aunque, aun así, la medida puede ser beneficiosa para que la madre no se vea obligada a desengancharse del mercado laboral durante los tres o cuatro primeros años de vida de los niños. Las tatas solucionan muchos problemas a las madres con más ingresos, que también se ven más perjudicadas por las jornadas eternas, y no pueden organizar el día de los niños sobre la base de un horario estable que ellas no tienen. Los padres comienzan también a tener un papel destacado para solventar las lacras en el proceso de conciliación. Cada vez se ven más hombres en las puertas de los colegios. En las familias que no cuentan con ayuda externa, el padre y la madre tratan de organizar sus turnos de trabajo de modo que, la mayor parte del tiempo, uno de los dos esté en casa. Un sistema frecuente es el de las actividades extraescolares, que alarga la jornada del niño en el colegio. Aunque mantener al niño en clase es una solución parcial, que siempre plantea problemas durante el verano, cuando los alumnos tienen vacaciones de tres meses y los padres, con algo de suerte, contarán con un mes.

Pero las tareas asignadas a las madres van más allá del cuidado de los niños. Muchas trabajadoras se ven obligadas a dedicar todo su tiempo de ocio a las labores domésticas. No es extraño ver a una empleada que aprovecha el descanso de la comida para poner la lavadora, o que después de cenar, en lugar de disfrutar de un rato de asueto, se mete en la cocina a preparar la comida del día siguiente. Esta sobrecarga genera elevados grados de ansiedad en aquellas madres que no pueden contar con una asistenta que les ayude.

Aunque los expertos se muestran optimistas respecto a los avances obtenidos en la conciliación de la vida familiar y laboral, para las madres trabajadoras sigue siendo un quiero y no puedo, un debate permanente entre su derecho a desarrollarse profesionalmente y sus deberes al frente de una familia. Hace falta un esfuerzo de todos, y al mismo tiempo.

Empleo del tiempo en hombres y mujeres en España

Diferencias en el uso del tiempo entre los hombres y las mujeres en España.

  

      2001

Examen tipo test de Educación para la ciudadanía

Para alumnos y profesores. Test de autoevaluación muy interesante.

1. Si sólo pudieras tener un amigo, elegirías:
a) Un amigo normal
b) un homosexual
c) un gato

2. Las personas que sienten atracción por las de su mismo sexo se llaman:
a) Homosexuales
b) Maricones
c) Todas las anteriores son correctas.

3. Las guerras son:
a) buenas porque muere gente y hay mucha
b) malas porque muere gente
c) depende de si lo ha aprobado el Parlamento

4. Número de elementos mínimos para formar una familia:
a) Padre con padre y un hijo adoptado.
b) Padre, madre e hijo.
c) Mujer con perro y gato.

5. Para qué valen los doce puntos del carnet de conducir en España:
a) Para gastarlos cuanto antes.
b) Para venderlos en Ebay
c) Para nada

6. Estás en urgencias de un hospital y ves que una persona se muere y nadie se da cuenta:
a) Rematarlo para que no sufra más
b) Se rellena un formulario en el mostrador solicitando ayuda
c) Me pongo a pedir ayuda y a atender a esa persona

7. No me llega el presupuesto a final de mes, ¿qué hago?:
a) Llevo a mis hijos a un instituto público para poder seguir pagando las letras del Audi.
b) Me lamento porque la sociedad de consumo me ha llevado a esta situación sin culpa mía
c) Ahorro y dejo de gastar dinero en gilipolleces

8. Actúa en democracia cuando se te ha roto el coche y no puedes ir a trabajar:
a) Convoco un plebiscito en casa para ver cuál es el mejor taller
b) Hago lo que me da la gana
c) Consulto a la asociación de vecinos más cercana y presento una instancia en mi Junta Municipal

9. El mejor modo de ganarse la vida es:
a) Pillar cuantas más subvenciones, mejor
b) Trabajar honradamente
c) Vivir de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos

10. Qué hacer cuando tu mujer, compañera o concubina te pone la cabeza como un bombo porque quiere volver a la peluquería habiendo estado ayer:
a) Le das la razón para no traumatizarla psicológicamente y que no sufra violencia de género
b) Me voy al bar a ver el fútbol mientras ella vuelve a la peluquería
c) Intento hacerle ver que si ha estado ayer quizá es mejor esperar un par de días

SOLUCIONES
Las soluciones son evidentes y el examen es muy fácil. Si tienes dudas lo mejor es que le preguntes a tu padre o a tu madre, o a tu hermano pequeño.

Sexismo lingüístico y excesos de celo

SEXISMO es una palabra -y un concepto- relativamente nuevos. En las últimas décadas del siglo pasado irrumpió en nuestras vidas desde culturas externas que ya se habían planteado la revisión de ciertos desequilibrios ligados al sexo de las personas. La Academia define sexismo como “Atención preponderante al sexo en cualquier aspecto de la vida” y, en su segunda acepción, como “Discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro”, y la 2ª edición del Diccionario de uso del español de María Moliner, como “Discriminación por motivo de sexo”. De modo que, a pesar de que, cuando hablamos de sexismo pensemos siempre en la mujer como sujeto paciente del mismo, podría y puede haber un sexismo que afecte al hombre.

Sin embargo, por mucho que las cosas hayan mejorado, en el mundo occidental todavía resulta inevitable ligar sexismo a la idea de discriminación de la mujer. Es simplemente el resultado de una historia de siglos basada en una construcción androcéntrica del mundo, que ahora está siendo sometida a revisión en distintos frentes. Porque, como es sabido, hay muchos tipos de sexismo: por ejemplo, el de los médicos que dan menos credibilidad a los síntomas de una mujer que a los de un hombre; el de los que actúan con violencia contra las personas del sexo contrario o el de quienes ningunean a alguien por razón de sexo.

Los que estudiamos la lengua nos preocupamos del sexismo lingüístico. Al principio, con las primeras reivindicaciones de los feministas -ellas y ellos-, se vivió una reacción en contra que las consideraba totalmente ajenas, excesivas e inapropiadas, incluso objeto de burla. Luego, pasada la perplejidad primera, muchas personas empezaron a mirar con otros ojos su propia forma de hablar y de escribir, y a veces descubrieron hasta qué punto están interiorizados unos usos inconscientes que parten de una cultura de por sí sexista. Ver el sexismo a través de la lengua es importante, porque el pensamiento influye en la lengua, pero, sin que parezca tan evidente, también la lengua influye en el pensamiento, lo que alimenta un círculo que sólo se puede romper desde las tribunas que difunden la lengua.

Hay que admitir que, a lo largo de los últimos treinta años, se ha avanzado en un profundo proceso de sensibilización que ha ido más allá que el superficial movimiento de lo políticamente correcto de los años noventa. A consolidar este proceso han contribuido feministas, profesores, periodistas, escritores, académicos, instituciones, y, sobre todo, hablantes. Como escribió ya hace años Álvaro García Meseguer, la lengua no es sexista, las lenguas no son sexistas en sí. En todo caso, lo son las sociedades que las hablan. Y el español es menos sexista que algunas de sus hermanas románicas, como el francés, que muestran una resistencia mayor a permitir la visibilidad de las mujeres y un gran apego a las normas menos flexibles. La suerte es que en estos momentos la sociedad está cambiando por dos caminos distintos: por un lado cambia a la fuerza, porque hoy resulta imparable y natural la presencia de la mujer en ámbitos nuevos, y, por otro, cambia gracias a la actitud de las mujeres, pero también -y esto hay que reconocerlo- de muchos hombres que han apoyado el reequilibrio de la lengua, después de haber recorrido el difícil camino de descubrir que, sin que lo supieran, la lengua por tradición los destaca siempre a ellos.

Sin hacer batalla de cuestiones como la del plural inclusivo, que oculta la presencia femenina, conviene tener en cuenta a la hora de escribir que hay ocasiones en las que se puede recurrir a la duplicación, no a la que nos hace sonreír en tiempos de ganar votos, cuando los femeninos inundan en paralelo los discursos políticos, sino a la más natural de Sebastián de Covarrubias, cuando, en su Tesoro de la lengua castellana o española, de 1616, para definir convento, escribía “En nuestra lengua castellana, vale la casa de religiosos o religiosas…”.

Los libros de estilo periodísticos han hecho una labor importante en el sentido de regular la forma de dar noticias sobre la mujer, pero todavía asistimos a desviaciones guiadas por la mejor voluntad, y ahí es donde habría que insistir. Pongamos el caso reciente del presidente italiano Silvio Berlusconi, que, en la tarde del 29 de septiembre, apareció en los medios congratulándose por la liberación de “le due ragazze”, Simona Torretta y Simona Pari, y su mensaje se repitió con la alegría de las buenas noticias, al tiempo que se referían a ellas también como “las dos Simonas”. Estas expresiones, que reflejaban una actitud paternalista que muchos periódicos corrigieron al día siguiente al hablar de las dos cooperantes italianas, resultan difíciles de imaginar si los liberados hubieran sido dos hombres jóvenes, a los que muy improbablemente hubieran llamado “los chicos” o “los dos Simones”. Es evidente que no hay segunda intención en ese discurso, como tampoco la habría en los locutores que retransmitían este verano las pruebas de los Juegos Olímpicos y que inspiraron a Forges, tan fino en lo lingüístico, la viñeta del 22 de agosto, titulada Agudeza escuchal, donde proponía “Averiguar en menos de 5 segundos si este “Comentarista olímpico” se va a referir a un equipo femenino como “las chicas”, “las niñas”, “las crías”, “las nenas”, “las muñecas”, etc.”.

Por otra parte, todavía la lengua vacila ante situaciones nuevas y a los hablantes les cuesta acostumbrarse a femeninos tan fáciles como médica; por eso en los pueblos españoles es tan frecuente encontrar doctora como femenino de médico. Es curioso que, en cambio, jueza, concejala, presidenta, que no hubieran sido necesarios desde el punto de vista gramatical, se hayan adoptado con rapidez y naturalidad, mostrando la fuerza de la analogía. ¿Por qué no médica? Pensar que es un femenino “ocupado” por la antigua costumbre de llamar así a la mujer del médico no parece suficiente, porque habría ocurrido lo mismo en los otros ejemplos. El rechazo de algunos nombres de oficio o de profesión muchas veces viene, para algunos femeninos que se podrían formar sin problema, de las propias mujeres, que prefieren en algunos casos tener un título en masculino, quizá como prueba de lo mucho que les ha costado alcanzarlo, y ponen en sus tarjetas ingeniero, arquitecto, cirujano o investigador científico. Es un resto de lo que Valentín García Yebra ha llamado machismo femenino. Con el paso del tiempo y la costumbre de que las mujeres desempeñen estas profesiones, los femeninos se impondrán. Entretanto, la lengua permite ciertas holguras que poco a poco se irán normalizando.

En este aspecto resulta importante la labor de la comisión NOMBRA (siglas de no omitas mujeres, busca representaciones adecuadas), que ha conseguido revisar, para el Diccionario académico, un modo de definir que parte de una inevitable óptica masculina que se ha ido superponiendo desde finales del siglo XVIII. La voluntad de intentarlo se expresa en el prólogo a la última edición del Diccionario, que ya ha hecho un esfuerzo en este sentido.

Y, mientras la sociedad cambia, porque cambia la realidad, no estará de más que sigan pendientes de esos cambios todas las personas sensibilizadas por mejorar la lengua.